jueves, enero 03, 2008

Bola de cañón


Willie Colón y Hector Lavoe me enseñaron que nada dura para siempre. Mi bisabuela me dijo, que la vida consistía en pasar la página, que si se sigue en lo mismo, la cosa se estanca. A través de los libros, pude dar fe de eso, ninguna página por mas que queramos es eterna.

Por tal razón, yo, Juanluis Ramos, autor de este blog, he decidido que Letras en la Sangre, llegó a su fin. Más sin embargo, despues de pasar una página, viene otra, abro otro blog. Bola de cañón. Espero verlos por allá.


http://juanluisramos.blogspot.com

martes, diciembre 25, 2007

anecdota personal navideña + felicidades

Se quedó dormido en la madrugada, bajo el pino de navidá. Tenía una caja de cervezas en el sistema. Quería esperar a Santa Cló despierto, mas el poder espumoso de la cebada lo venció. Despertó como al mediodía, con el amargo sabor maltoso en la boca. Miró a su alrededor, pero no vio regalo alguno. Bah, pal carajo y cerró los ojos nuevamente.


Feliz Navidá

miércoles, diciembre 12, 2007

ginebra con agua tónica

Rebuscando la ciudad, así Salvador pasaba noches enteras. Su cabello en cola de caballo bajo el sombrero, sus lentes de pasta, sus pantalones holgados, su chaqueta a lo Dick Tracy, sus botas en piel de cocodrilo. Su revolver dentro de la chaqueta. Un cigarrillo en la boca. Así Salvador pasaba desapercibido entre tantos otros, nocturnos como él. Caminaba por el parque, se detenía unos minutos a mirar el lago, se percataba de las múltiples parejas que hacían el amor alrededor de él, y continuaba con su travesía. Entraba en el café de los bohemios, pedía uno sin leche y sin azúcar, se sentaba y encendía un cigarrillo. Malditos vagos, no tendrán más nada que hacer - se decía así mismo, mientras miraba al grupo de poetas que siempre trasnochaban en aquel café. Agarró un periódico, el del día anterior y en la portada: Manny “El Gancho” Robaina ataca de nuevo. Hijuelagranputa, dijo a la misma vez que golpeaba la mesita donde estaba. Se paró de su asiento, dobló y guardó el periódico en su chaqueta, pagó el café y salió a toda prisa del mismo. Caminó hasta el bar de la esquina, a la entrada saludó a un hombre gordo, pidió dos ginebras con agua tónica y se sentó en el rincón mas solitario de todo el bar. Su mirada llegaba directamente al televisor. Noticia de última hora: como ya todos saben el asesino en serie más tenebroso que ha visto está ciudad, el cubanísimo, Manny “El Gancho”Robaina ha escapado de prisión y ya ha comenzado con su vil rutina: secuestrar y descuartizar a todos por igual, sin importar raza, color, sexo o religión. Nos informan que esta vez viene mas violento, repetimos, esta vez viene mas violento, mas violento. Y en noticias acabas de recibir, Manny El Gancho Robaina, ha dejado un mensaje escrito en sangre, en la pared de la casa de su última victima. El mensaje dice: “Salvador, aquí estoy” Según el superintendente de la policía, este Salvador al que se refiere Manny El Gancho Robaina, es nada mas y nada menos que el retirado detective, Salvador De Jesús. Como recordaran, éste fue el causante de la captura del cubanísimo. Seguiremos informando. Salvador encendió otro cigarrillo, se tomó las dos aguas tónicas con ginebra y salió del bar. Llamó un taxi, a la mansión cubana, rápido, Rápido. En menos de 45 minutos ya habían llegado, se bajó a una cuadra de la mansión. Quédate con el cambio. Salvador sacó su vieja placa detectivesca de su cartera, la mira por un momento, la guarda y caminar hasta la mansión. Toca a la puerta Buenas noches Salvador, El Gancho lo espera en la biblioteca. Sígame por favor. Y el mayordomo lo lleva. Manny “El Gancho” Robaina, se encuentra allí, a la derecha de los clásicos, y a la izquierda de la vanguardia. Detrás de él una foto gigante de Madona, en su escritorio, una botella de ginebra. Tome asiento querido Salvador, ¿con agua tónica como siempre? Salvador lo mira directo a los ojos y asiente con la cabeza. Se toman sus tragos. Se a que has venido, Salvador, pero está vez no lo lograrás. Toma este sobre, llévalo a casa y analiza lo que hay dentro. Considéralo ya que está vez no lo lograras, y lo sabes. Si te decides regresa, si no, te recomiendo que huyas. Salvador se para del asiento, guarda el sobre y abandona la Mansión Cubana. Salvador va al café de los bohemios pide uno, sin azúcar y sin leche. Saca el sobre de su chaqueta. Mira lo que hay dentro. Suspira. Prende un cigarrillo. Termina su café. Va a la barra de la esquina. Pide un agua tónica con ginebra. Lo termina. Llama al taxi. A la Mansión Cubana por favor.

jueves, diciembre 06, 2007

Nave del Frío

sábado, diciembre 01, 2007

sobre baseball



Partido decisivo por la medalla de oro en el Torneo Mundial de Baseball.
El equipo visitante se enfrenta al equipo local.
Estamos en la novena entrada.
El marcador da la ventaja a los visitantes, tres carreras por dos.
Los locales al bate.
Bases llenas, dos out.
Es el turno de Peco Mendoza.
Peco sabe que el juego está en sus manos, que no puede desperdiciar esta oportunidad.
Peco sabe que él le puede dar a esa pelota.
Peco sabe que toda su futura gloría dependerá de este momento.
Peco Mendoza confía en él.
Todos los fanáticos del equipo local confían en él.
Peco fue el mejor bateador en todo el torneo.
Un hit impulsaría una carrera, quizás dos.
Peco Mendoza toma su bate y se dirige a la caja de bateo.
El público corea su nombre.
El público se muere de la emoción.

Primer lanzamiento
bola 1
Peco mira al público, se sonríe con ellos.

Segundo lanzamiento
bola 2
Peco cierra sus ojos por un momento.

Tercer lanzamiento
Strike One
Peco se acomoda el casco.

Cuarto lanzamiento
Bola 3
Una sonrisa se le dibuja en la cara a Peco.

Quinto lanzamiento
Peco le da a la pelota.
La bola se eleva, parece que va a ser homerun.
La bola sale por el área de foul.
Strike Two
A Peco le bajan gordas gotas de sudor por su frente.
Peco se pone nervioso.
Mira al público, todavía confían en él.
Peco cierra sus ojos, invoca a su virgencita.

El tiempo se detiene.
Peco mira a su público.
Se da cuenta que él y su sagrada virgencita, son los únicos negros allí.
Abre los ojos.
El tiempo vuelve a correr.
Suspira.

Sexto lanzamiento
Peco se persigna dejando caer el bate al suelo.
Strike Three

Out

jueves, noviembre 29, 2007

La guagua de Galeano


A Eduardo Galeano y su libro de los abrazos.

La guagua numero 68 del Sistema de Transporte Público de Gran Ciudad, es una de las mas eficaces en todo el país. Su primer viaje siempre sale a las 6 de la mañana, su último a las 10:00pm. Personas de todas clases la abordan, desde tecatos en busca de la cura, obreros acabados de salir de la construcción, estudiantes, amas de casas, y hasta los altos funcionarios del país. Todos hablaban con todos, de todos los temas posibles.

Yo tomaba la número 68 todos los días de camino a la universidad. Y les confieso, al principio me incomodaban las felices tertulias que se allí se daban. Así que me adentraba en alguno de los muchos libros que cargaba para entonces. Pero las conversaciones cada vez se tornaban mas interesantes, así que muy a mi pesar me uní a ellos. Hablaban de política internacional, hablaban de ciencia, discutían Cien años de soledad, intentaban encontrar la cura del sida, comentaban el último chisme. Si alguno tenía algún problema, se le daban sugerencias, se le buscaba la solución. Y otras veces hablaban de religión. Nadie gritaba, todos hablaban en armonía, todos sonreían.

Galeano guiaba la numero 68. Todos los viajes los hacía él.

Este había llegado de Montevideo hacía ya algunos 30 años, con las intenciones de volver alguna vez. Pero el amor que le había cogido a esta nueva tierra fue tan grande, que juró no dejarla jamás. Galeano era de tez blanca y ojos claros. El poco cabello que le quedaba fue negro alguna vez, ahora era color ceniza. Era bajito, panzón y necesitaba un bastón para caminar. Era la persona más maravillosa que se pudiera alguna vez conocer. Era un ángel, algunos decían. Sus ojos estaban llenos de paz, de un amor casi maternal. Con solo mirarlo a cualquiera se le dibujaba una sonrisa en la boca.

Galeano había conseguido el trabajo de chofer de la número 68, mediante un amigo que lo recomendó. Según se cuenta, ese amigo atravesaba por una profunda depresión. Pasaba las horas entregado al alcohol. Pero conoció a Galeano y no se sabe como, se quitó del alcohol. Desde entonces, sus vidas cambiaron para siempre.

Lamentablemente, esta no es la historia de Galeano. Tampoco es la historia de la número 68 en sí. Es la historia del amor que llenaba esa guagua. Aunque, claro, sin Galeano y su guagua, esta historia no se podría contar.

Íbamos todos en la guagua, esta vez se hablaba del amor familiar. Algunos hablaban de sus hijos, otros de sus padres y otros simplemente lloraban al recuerdo de algún familiar. Galeano era uno de los que lloraban. Todos callamos ante el llanto de aquel ángel. Lloraba al recuerdo de sus hijos, hacía más de 20 años que no los veía. Éste nos contó su historia, de como su ex esposa se los arrebató cuando se divorciaron. Ahora vivían en Montevideo o al menos eso creía.

Todos consolamos a Galenao, le sacamos las lágrimas con el corazón.

Pasamos frente al aeropuerto, Galeano nos miró por el retrovisor. Comenzamos a aplaudir, a llorar junto con él. Galeano detuvo la guagua, caminó hasta la puerta trasera despidiéndose de cada uno de nosotros. Antes de bajar de la 68 dijo “Hasta pronto amigos, aquí les dejo mi corazón” y se alejó caminando lentamente.

Esa tarde, el corazón de Galeano completó la ruta de la 68.

miércoles, noviembre 07, 2007

A las tres

Es una condena agradable
el instante previo,
es como un desgaste,
una necesidad
más que un deseo...

- Soda Stereo, Persiana Americana


La observa caminar, les devora las pisadas una a una. Quisiera poseer esas piernas, envolverse en ellas. Sus faldas se balancean al compás de un tango, a la intensidad de su mirada. Quiere quitárselas, arrancárselas de un bocado. Cierra sus ojos, se acaricia el pene por encima del pantalón y se le forma una imagen en la cabeza. Imagina lo que hay debajo de esas faldas. Se relame. Se la saborea. Y su blusa. Tan delicada, tan de ella, diera hasta lo imposible para que no la tuviera. Cierra sus ojos nuevamente, y le recorre el torso con la lengua. Se imagina él encima de ella, haciéndola suyo, haciéndose de ella. Gime de placer, disimulado, sin que lo escuchen. El la desea, ella lo vuelve loco. No puede esperar a que crezca. Por eso de lunes a viernes, a las tres, se estaciona frente a la escuela. Se masturba imaginando que esa mujercita de siete años se monta en el carro junto a él.